Seis meses después, en la villa «La Esperanza» estaba impecable. No era el lugar más lujoso del mundo, pero era perfecto. Campos verdes se extendían bajo un cielo azul despejado, y un antiguo roble, testigo de generaciones, extendía sus ramas sobre un pequeño claro donde se habían colocado sillas blancas.
El aire olía a jazmín y a tierra mojada por la lluvia de la mañana. Sofía, mirándose en el espejo de la habitación principal de la villa, no podía creer que ese día había llegado. Llevaba un v