Larissa le habló sobre alguien más, alguien para conocer; sin embargo, Sofía volvió a negarse con la misma calma de siempre y el gesto en el rostro de Larissa cambió en una fracción de segundo: de la pretendida fragilidad al desagrado profundo.
—No estoy interesada —dijo Sofía, dejando el tenedor sobre la mesa de hospital con un sonido que quiso ser indiferente y no lo logró.
—¿Cómo que no? —respondió Larissa, tirando del hilo de la paciencia hasta que se rompió—. ¿De verdad vas a desperdiciar