El rugido de los motores era un latido constante que resonaba en el pecho de Sofía. El ambiente en el circuito estaba electrizado, cargado de la tensión palpable de una de las carreras más peligrosas de la temporada.
Curvas cerradas, rectas donde se alcanzaban velocidades demenciales y un historial de accidentes que ponía los nervios de punta a cualquiera.
Sofía, con los nudillos blancos al aferrarse a la barandilla, no apartaba la vista del auto número 17. A su lado, Vivian sostenía a Lilly, q