Martín empujó la puerta de la habitación de hospital con una mezcla de rabia y resignación. Las palabras de Sofía aún resonaban en su mente, creando un eco de confusión, desilusión y de una extraña comprensión. Esperaba encontrar a Miguel aún inconsciente, o sumido en la misma autocompasión de siempre. Pero no.
Miguel estaba sentado en el borde de la cama, con la espalda encorvada. Y sus piernas… sus piernas se movían. Un pie golpeaba el suelo con un ritmo nervioso, impaciente. El efecto del re