El silencio en el pasillo del hospital era pesado, cargado de la acusación no aclarada que pendía en el aire como un humo tóxico. Martín miraba a Sebastián con una expresión que había transformado la angustia en una desconfianza hiriente.
—No fue así, Martín —intentó Sebastián, buscando las palabras correctas en medio del caos—. Déjame explicarte…
—¿Explicar? —lo interrumpió Martín, con una risa amarga y cortante—. ¿Explicar qué? ¿Cómo fue que decidieron jugar a ser Dios con la salud de mi amig