Mundo ficciónIniciar sesiónEn casa de Miguel, Clara, con el bebé en brazos, esperaba con impaciencia que su madre contestara la llamada. El niño lloraba sin parar, y cada sollozo se le metía en la cabeza como un martilleo insoportable.
Frunció el ceño y caminó de un lado a otro por la habitación, moviendo apenas el cuerpo en un intento torpe de calmarlo. Nada funcionaba. El sonido de su llanto la irritaba más con cada segundo que pasaba.







