Martín permaneció un instante con el teléfono aún en la mano, observando la pantalla apagada como si allí se escondiera un dilema. Acababa de colgar con Miguel, y la conversación le había dejado un sabor amargo. No le había dicho todo. Era una de las pocas veces que le escondía información.
—¿Qué estoy haciendo…? —murmuró para sí, con un suspiro cargado de resignación.
La voz de su conciencia le repetía que debió ser más claro, que ocultar información solo complicaba las cosas. Pero la costumbr