Sebastián había alcanzado a avanzar algunas calles cuando llevó su mano al bolsillo y se dio cuenta de que había dejado las llaves atrás. Se detuvo de repente y soltó un largo suspiro. A pesar de que refunfuñó en voz baja por su descuido, decidió regresar antes de que Sofía cerrara la tienda. Sin embargo, al llegar, la campanilla permanecía en silencio y el interior estaba a oscuras.
Llamó su nombre varias veces, primero con calma y luego con creciente desesperación, pero no hubo respuesta. Sac