Sofía apretó los ojos con fuerza cuando escuchó la voz al otro lado de la línea. La reconoció de inmediato.
—Mamá… —Su voz se quebró—. Por favor, dime que no estás de acuerdo con esto —pidió con la esperanza de que todo fuera un malentendido, que Larissa la ayudaría, que la salvaría a ella y a su bebé.
Pero la respuesta que llegó a continuación fue peor que cualquier golpe, que cualquier herida. Del otro lado, el tono con el que Larissa habló, fue tajante, sin un solo matiz de duda.
—Escúchame