Me levanté lentamente. La cabeza me latía con fuerza, como si cada pensamiento pesara demasiado. El lugar a mi alrededor era desconocido, ajeno… y eso hizo que el miedo me recorriera el cuerpo de golpe.
Me incorporé sobresaltada, mirando de un lado a otro, con el pecho subiendo y bajando demasiado rápido.
—¿Estás bien? —la voz de René rompió el silencio.
Giré hacia ella. Su rostro estaba cargado de preocupación, casi angustia. Pero yo… no sabía qué responder. Mi mente era un vacío lleno de r