La oscuridad iba y venía.
A veces escuchaba voces.
A veces solo silencio.
Todo se sentía lejano.
Como si estuviera flotando.
Como si mi cuerpo ya no me perteneciera.
Intenté abrir los ojos.
Pero me pesaban demasiado.
Entonces escuché una voz.
Una voz que reconocería en cualquier lugar.
—Elena.
Mi corazón dio un salto.
Nicola.
Intenté moverme.
Intenté abrir los ojos.
Y esta vez lo conseguí.
Solo un poco.
Lo suficiente para distinguir una silueta de pie junto a mi cama.
La visión seguía borrosa.