58: Las cuentas se pagan. (Nicola)
Pasé por el lado de René, pero me detuvo sujetándome de la manga de la camisa. La presión de sus dedos no era fuerte, pero sí lo suficiente para frenar mi impulso.
Me giré apenas, mirándola por encima del hombro.
—No te puedes ir… ¿y si despierta? —preguntó, con la voz cargada de ansiedad.
Bajé la mirada hacia su mano y la aparté sin cuidado.
—No me importa. Agradece que vine… ahora deja de molestar.
No suavicé el tono. No me interesaba hacerlo.
Alessandro me estaba observando, claramente