La mañana siguiente llegó a la Mansión Moretti con una bruma densa que subía desde la costa, envolviendo los jardines en un manto gris.
En el comedor principal, el ambiente era extrañamente doméstico. Estaban terminando de desayunar cuando el sonido de un motor pesado anunció la llegada. Salvatore se limpió la comisura de los labios con una servilleta de lino y miró a su ahijada.
—Tu carruaje ha llegado, piccola.
En la entrada principal, una camioneta negra blindada, con vidrios polarizados y p