El rugido amortiguado de los motores del jet privado de la familia Lombardi rompió el silencio de la pista. Al subir a bordo, la opulencia del exterior se trasladó a una cabina diseñada exclusivamente para el confort del Don: asientos de cuero cosidos a mano, acabados de madera de nogal y una iluminación tenue que invitaba al aislamiento absoluto. Salvatore guio a Alessandra por la cintura, ayudándola a acomodarse en el amplio diván central mientras el personal de vuelo aseguraba las compuertas