Había pasado un mes desde que la mirada de Alessandra había conectado con los ojos grises de su Don en ese lenguaje mudo que solo ellos entendían, sellando el inicio de una cuenta regresiva implacable. Desde ese momento, los preparativos para la boda se habían vuelto algo cotidiano durante ese tiempo; la mansión Lombardi se transformó en un hervidero de llamadas a París, pruebas de banquetes y estrictos protocolos de seguridad que involucraban a tres continentes. Pero finalmente, la espera habí