El amanecer sobre los campos de Sicilia no trajo la calidez habitual, sino un manto de niebla densa y plomiza que parecía asfixiar la luz del día. En la clínica privada, el relevo de la guardia se realizó en el más absoluto y sepulcral silencio.
Salvatore e Isabella dejaron a Alessandra con Thiago. La atmósfera se puso más severa a medida que el Don se preparaba para cumplir su promesa. Alessandra seguía sumida en un sueño inducido por los analgésicos, ajena al destino que se había sellado para