Salvatore e Isabella dejaron el cuerpo de Rebeca para que los hombres se encargaran de borrar cualquier vestigio de su paso por este mundo, siguiendo las órdenes implacables del Don de Sicilia. Sin mirar atrás, con la frialdad propia de quienes han cumplido un deber de sangre ineludible, ambos subieron los escalones de piedra hacia la superficie, dejando atrás la oscuridad de la fosa y permitiendo que la maquinaria de limpieza del imperio Lombardi hiciera desaparecer la última amenaza directa q