El sol comenzaba a ocultarse tras los edificios de la corporación Lombardi, tiñendo el cielo de un naranja sangriento. Salvatore caminaba hacia el estacionamiento con paso firme, seguido de cerca por Thiago. Sus figuras, vestidas de negro impecable, proyectaban sombras largas sobre el asfalto. Justo antes de llegar al imponente deportivo, el iPhone de Salvatore vibró con una notificación de Instagram.
Salvatore se detuvo en seco. Miró la pantalla y una chispa de triunfo cruzó sus ojos grises. S