El amanecer en Sicilia no pidió permiso. Se filtró por las rendijas de las pesadas cortinas de seda de la habitación principal, trazando líneas de luz dorada sobre el suelo de mármol. Salvatore ya estaba despierto. Para un hombre como él, el sueño era un lujo que rara vez se permitía por completo; su mente era un mecanismo de relojería que nunca dejaba de procesar amenazas.
Se despojó de las sábanas y caminó hacia el baño. El agua helada golpeó su espalda, tensando sus músculos definidos y borr