Mientras en Sicilia Max continuaba moviendo sus piezas con una precisión de cirujano para tener a Alessa cada vez más cerca de su red de engaños, en Calabria el ambiente era de una pesadez asfixiante. La funeraria, iluminada apenas por cirios tenues, olía a flores marchitas y a un incienso que no lograba enmascarar la tensión entre los presentes.
Francesco se encontraba de pie frente al ataúd cerrado de su madre, con la mirada perdida y los hombros hundidos por un peso que no era solo el del lu