La luz de la mañana apenas acariciaba los ventanales de la mansión. Isabelle caminaba hacia la cocina, con el cabello suelto y la expresión aún adormecida. Al doblar por el pasillo, se encontró con Sophie, quien venía de regreso con una taza de café en mano, perfectamente maquillada a esa hora.
—Vaya… —dijo Sophie, deteniéndose frente a ella—. Qué curioso encontrar al personal doméstico saliendo de las habitaciones del ala privada.
Isabelle la miró con calma, sin responder. Sólo parpadeó, u