El jardín estaba en calma, el sol bañaba la piedra pulida del patio y James descansaba en una silla reclinable, con los ojos entrecerrados. Parecía que el aire cálido lograba por momentos calmar el dolor que aún se aferraba a su cuerpo.
El sonido de pasos suaves lo hizo girar la cabeza.
Isabelle se acercaba con un botiquín en mano. Su cabello recogido, el rostro sereno pero firme.
—Oliver no pudo venir —dijo ella, al detenerse frente a él—. Así que tengo que revisar tus puntos.
James al