Más tarde, en la cena, el ambiente era distinto.
Solo estaban Noah, James, Miranda y Sophie.
Miranda y Noah conversaban animadamente, entre risas y anécdotas universitarias.
James permanecía más callado, en parte por el dolor físico, en parte por algo más profundo.
Sophie lo observó desde el otro extremo de la mesa.
Se acercó con una copa en la mano, y se sentó junto a él.
—¿Qué ocupa tu mente, James?
No has tocado la comida.
James giró apenas el rostro.
—Estoy bien.
So