James conducía en silencio, con Celeste a su lado. Faltaban diez minutos para llegar a su casa cuando el teléfono vibró. Era Camille.
—¿Camille? —respondió, extrañado.
Al otro lado, solo escuchó sollozos.
—¿Qué pasa? ¿Camille, estás bien?
—Tienes que ir al hospital… al Langford —logró decir entre lágrimas.
James se tensó.
—¿Qué ocurrió? ¡Camille, dime qué pasó!
Lucie tomó el teléfono.
—James, es Isabelle. Noah se enteró. No hay tiempo para explicaciones. Solo ve. Ya.
Y colgó.