68

Noah salió del hospital con pasos pesados, como si cada uno le costara más que el anterior. Se sentó en los escalones, apoyó los codos en las rodillas y se quedó mirando al suelo. El aire fresco no le aliviaba. Solo lo hacía sentir más solo.

Beatrice lo alcanzó poco después. Se detuvo a unos pasos, observándolo en silencio antes de hablar.

—Noah…

—No quiero escuchar más regaños —dijo él, sin mirarla.

—Pues los vas a escuchar —respondió Beatrice, firme pero sin dureza—. Aunque no quieras
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