La noche avanzaba con lentitud. En la mansión Moore, el silencio no era descanso, era expectativa. Las luces del pasillo principal estaban atenuadas, y cada sombra parecía guardar una intención.
Isabelle caminaba despacio, con una bata ligera sobre el camisón. No llevaba rumbo claro, pero sus pasos la guiaron hasta la suite de James y Celeste. Se detuvo frente a la puerta. Dudó. El corazón le latía con fuerza, como si supiera que no debía estar ahí.
Levantó la mano. La bajó. La volvió a lev