La cena se servía con precisión. El comedor de la Mansión Moore estaba iluminado con luz tenue, cuidadosamente ambientado entre candelabros antiguos y copas que reflejaban más que vino. Los platos estaban perfectamente distribuidos, pero el aire alrededor decía otra cosa. Había una tensión sutil, como si cada gesto contuviera un pensamiento que no debía filtrarse.
James comía en silencio, la mirada ocasionalmente perdida en la textura del mantel.
Noah estaba recto en su silla, los nudillos