La noche cayó en la Mansión Moore como una cortina de terciopelo. El silencio se instaló entre los muros y las habitaciones, y el frío del invierno se coló por las ventanas, haciendo que el calor fuera más emocional que físico.
Isabelle se levantó con lentitud desde el costado de la cama que compartía con Noah. Él dormía profundamente, el ritmo de su respiración marcando un compás ajeno al que golpeaba dentro del pecho de ella.
Descalza y con una bata ligera sobre el camisón, caminó por los