El jardín tenía esa atmósfera que parece saber guardar secretos. Olivos antiguos, faroles de hierro, una fuente baja que murmuraba algo sin cesar. Isabelle caminó entre los senderos, el cabello recogido en una trenza suelta, el abrigo cruzado justo sobre el corazón.
Fue entonces que Beatrice apareció. Sola, sin bastón, sin compañía.
—Gregory fue concebido aquí, en esta mansión—dijo, sin necesidad de saludo— La noche era más fría que esta, pero menos complicada.
Isabelle la miró sin movers