Isabelle encontró a Lucie y Camille en uno de los salones laterales, sentadas en los sillones con copas de vino y risas suaves. Al verla acercarse, ambas se enderezaron con curiosidad.
—¿Y esa cara? —preguntó Lucie, divertida.
—Tengo noticias —dijo Isabelle, sin poder ocultar la emoción—. Ya tenemos lugar para la boda.
Camille se incorporó, entusiasmada.
—¿Dónde?
—En el Club Altavista —respondió Isabelle—. Jardines, luces cálidas, privacidad… todo lo que soñaba.
Lucie aplaudió en si