La mansión Moore estaba en silencio cuando llegaron. El cielo comenzaba a aclararse, pero el aire seguía frío, como si el mundo aún no supiera que habían sobrevivido.
Beatrice los esperaba en la entrada. Al ver a Isabelle, caminó hacia ella con los brazos abiertos, envolviéndola en un abrazo cálido.
—Estás a salvo… —susurró, con alivio.
Pero en cuanto vio a Noah, con el rostro marcado y la pierna aún resentida, se soltó de Isabelle y caminó directo hacia él.
—Noah… —dijo, con la voz que