El camino de regreso a Belvedere Hill se sintió como un suspiro contenido. Apenas cruzaron la entrada de la mansión, James dejó el abrigo sobre la consola del vestíbulo sin pensarlo dos veces, atrapando a Isabelle entre sus brazos para besarla de nuevo.
El eco de sus pasos en el mármol acompañaba los besos que apenas les daban tiempo de respirar. Isabelle, con el vestido abierto en la espalda, se aferraba a su cuello como si no quisiera darle espacio para apartarse. James, sin detenerse, la g