Isabelle entró con suavidad a la habitación de Leah. La niña estaba sentada en la cama, abrazando su almohada, la mirada fija en la ventana.
—¿Puedo sentarme contigo? —preguntó Isabelle.
Leah asintió sin mirarla. Isabelle se sentó a su lado, en silencio unos segundos.
—Perdóname, Leah. Por no habértelo dicho antes. No fue porque no lo sintiera. Fue porque no sabía cómo hacerlo sin confundirte.
Leah bajó la mirada.
—Quiero ir con James.
Isabelle acarició su espalda con ternura.
—Aú