La puerta se abrió suavemente, y Leah entró con pasos ligeros, como si aún flotara en la emoción del día. Isabelle la esperaba en el recibidor, con una sonrisa que se le escapaba antes de poder contenerla.
—¿Cómo te fue, amor? —preguntó, agachándose un poco para recibirla.
Leah se lanzó a sus brazos sin pensarlo.
—¡Muy bien! James me llevó al parque, comimos helado, y me contó cosas de cuando era niño. Me hizo reír mucho.
Isabelle acarició su cabello con ternura.
—Me alegra tanto que