La puerta de la mansión se abrió con el sonido suave de las bisagras. Leah entró primero, con la bolsa del vestido colgando de su brazo como si llevara un tesoro. Adrien la seguía con paso tranquilo, aún procesando lo que acababa de ocurrir.
En el salón, Isabelle conversaba con Camille y Lucie. Al verlas, Leah corrió hacia su madre con los ojos brillantes.
—¡Mamá! ¡Mira lo que tengo!
Isabelle se inclinó, y Leah sacó el vestido verde esmeralda con delicadeza. Camille y Lucie se acercaron,