Dos meses después, la transformación de Isabelle era evidente. Su vientre había crecido con rapidez, como si los dos pequeños que llevaba dentro se negaran a pasar desapercibidos. Camille, Lucie y Adrien se habían vuelto expertos en logística emocional: cada vez que Jonathan anunciaba una visita, se aseguraban de que Isabelle no estuviera presente, o que si lo estaba, fuera de espaldas, a distancia, envuelta en abrigos que disimulaban lo imposible.
Aquella mañana, Jonathan llegó sin previo av