Los meses previos habían sido de movimiento constante. Camille y Lucie, con ayuda de Adrien y Vivianne, habían transformado una de las habitaciones de la mansión en un pequeño refugio para los bebés. Pintaron las paredes en tonos suaves, colocaron dos cunas enfrentadas, y llenaron los estantes con mantas tejidas, libros infantiles y peluches que parecían esperar con paciencia.
Isabelle, aunque no podía moverse con la misma ligereza de antes, supervisaba cada detalle con una sonrisa. A veces s