Tres meses habían pasado desde aquel día en el laboratorio. El invierno comenzaba a ceder, y Bergen mostraba sus primeros brotes de primavera. En la mansión, la rutina se había vuelto casi familiar. Isabelle aún no mostraba señales visibles de embarazo, pero sus náuseas habían desaparecido, y entre Camille, Lucie y Adrien se aseguraban de que comiera lo más sano posible. Cada desayuno era una pequeña ceremonia de cuidado.
Esa mañana, Isabelle se encontraba frente al espejo, como lo hacía cada