*Le Jardin* brillaba con su estilo sobrio y refinado. Las velas sobre las mesas proyectaban sombras suaves, y el murmullo de conversaciones elegantes tejía una atmósfera casi cinematográfica. James llegó puntual. Elena ya estaba allí, sentada junto al ventanal, con una copa de vino blanco en la mano y una sonrisa que parecía ensayada.
—Qué gusto verte —dijo ella, alzando la copa.
James se sentó frente a ella, con expresión neutra.
—Ha pasado tiempo.
—Demasiado. Berlín parece tan lejos a