La tarde en la mansión era silenciosa, como si el aire supiera que algo se estaba gestando. Noah estaba en la sala principal, solo, con una libreta abierta sobre sus piernas y el bolígrafo sin moverse. Frente a él, la chimenea apagada parecía más simbólica que funcional.
Había escrito tres frases. Las había tachado todas.
No sabía cómo decir lo que no sentía.
James entró sin anunciarse. Llevaba una camisa negra arremangada, el cabello despeinado por el viaje, y una expresión que mezclaba