La lluvia golpeaba con insistencia los ventanales de la mansión Moore. El despacho de James, normalmente un refugio de orden y concentración, parecía hoy más oscuro, más cerrado. Las estanterías de madera noble, los planos del proyecto *Eterna* extendidos sobre el escritorio, y el leve aroma a whisky viejo componían un escenario de tensión latente.
James estaba de pie, revisando una serie de bocetos. No levantó la vista cuando Noah entró sin tocar.
—¿No sabes llamar? —murmuró James, sin gir