El desayuno había terminado con una calma engañosa. Isabelle, sintiéndose inquieta, decidió salir sola. Dijo que iría al centro comercial a buscar un vestido para la próxima presentación del proyecto *Eterna*. Nadie la acompañó. Nadie sospechó.
Horas después, Noah recibió una llamada del hospital.
—Señor Moore, es urgente. Celeste estuvo a punto de morir. Alguien entró a su habitación y la desconectó. Tenemos el video de seguridad.
Noah pidió que se lo enviaran de inmediato. Lo abrió en su teléfono, con las manos temblando. La imagen era clara: una mujer de cabello castaño, conjunto beige, rostro oculto por la inclinación de la cámara. El mismo conjunto que Isabelle llevaba esa mañana.
Su corazón se aceleró. No pensó. No dudó.
Justo en ese momento, Isabelle entraba por la puerta principal de la mansión, con una bolsa en la mano y el rostro tranquilo.
—¿Dónde estuviste? —preguntó Noah, con voz cortante.
—Fui al centro comercial. Te lo dije.
—¿Y fuiste al hospital tambié