El lago, quieto y brillante bajo el sol de la tarde, parecía un espejo roto por el leve movimiento del agua.
Isabelle estaba de pie a unos pasos de la orilla, con los brazos cruzados y la mirada perdida en el reflejo. Desde que amaneció, no podía sacarse de la cabeza las preguntas que James le había hecho en la mañana.
¿Sabía ya algo? ¿Había descubierto lo que su padre había hecho aquella noche… o incluso algo peor?
No tuvo mucho tiempo para responderse.
—Vaya, la señora Moore… —la voz