El amanecer apenas había comenzado a pintar de dorado los ventanales cuando James recibió el mensaje en su teléfono. No tenía remitente visible, pero el contenido era claro:
> *“Informe completo. Archivos cifrados. Contraseña: Lucan.”*
James frunció el ceño. Lucan era un nombre que nadie, salvo unas pocas personas de su círculo más íntimo, conocía. Lo introdujo en el archivo adjunto y comenzó a leer.
Movimientos bancarios. Reuniones privadas en hoteles donde no había registro oficial de r