Isabelle cerró la puerta detrás de ella con más fuerza de la necesaria.
El corazón le latía tan rápido que casi dolía, y la rabia se mezclaba con una tristeza insoportable.
Camille, que estaba recostada en el sillón junto a la ventana, dejó el libro que leía y la miró preocupada.
—¿Qué pasó?
Isabelle no contestó al principio. Caminó de un lado a otro, como si necesitara gastar toda la energía que la estaba consumiendo. Finalmente, se dejó caer en la cama, llevándose las manos al rostro.