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Sophie, captando la dirección de esa mirada, sonrió con satisfacción. Se sirvió un poco más de té y, sin despegarse de James, rozó su rodilla con la de él bajo la mesa. se inclinó ligeramente hacia James para acomodarle el cuello de la camisa, un gesto nimio… pero con una intimidad que no pasaba desapercibida.

—Estás arrugado aquí —murmuró ella, tocándole apenas la clavícula—. No me extraña, con la noche que tuviste.

James le sostuvo la mirada un segundo y luego sonrió apenas, sin confirmar
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