—Perdón por interrumpir —dijo, su voz grave pero clara—. Pero hay momentos que no esperan. Y este… es uno de ellos.
Isabelle sintió que las palabras se deslizaron por el aire como alfileres. James giró lentamente el rostro hacia ella, sin moverse del todo, su expresión neutra… pero sus ojos la buscaron como si ya supiera.
—Isabelle… —continuó Noah, sacando una pequeña caja de terciopelo negro—. Conozco tu mundo. Lo admiro, lo respeto. Pero lo que más deseo es construir uno contigo.
Un par