Mundo ficciónIniciar sesiónJuliette Moreau no debería estar allí. Convertirse en la asistente de Aston Myers jamás fue su elección, pero el destino, y algunas intrigas, la han colocado justo donde nunca imaginó estar: al lado del hombre que arruinó su vida. Aston Myers es frío, hosco y calculador. Después de haber amado a una sola mujer en su vida, no cree en el amor ni piensa volver a entregarse. Su refugio está en la oscuridad, en una vida secreta de poder y control en el mundo del BDSM, siempre bajo estricta discreción. Nada ni nadie ha logrado romper las murallas que ha construido a su alrededor. Hasta que Juliette aparece. Ella debería ser solo otra asistente más, pero se atreve a desafiarlo, a provocarlo, a cruzar límites que nadie más se atrevería. Y cuando Aston descubre que Juliette lo observó en su intimidad más prohibida, lo que comienza como un juego de poder se convierte en una obsesión peligrosa. Ella quiere venganza. Él quiere control. Pero entre la traición, el deseo y los secretos que los rodean, pronto descubrirán que hay batallas donde no existen ganadores, solo corazones condenados. Libro II - Saga Corazones Malheridos Títulos disponibles hasta el momento: 1. El regreso de la Exesposa 2. La venganza de la Exprometida
Leer másJuliette Moreau
»Procura no fallar. Ese trabajo tiene que ser tuyo. Ya sabes cómo actuar.
Las manos me tiemblan mientras leo el mensaje que me acaba de llegar.
No es suficiente que sienta el sudor recorriendo todo mi cuerpo mientras avanzo por el lobby reluciente de esta inmobiliaria de alto nivel, Albert Myers tiene que hacerme la vida de cuadros justo antes de la entrevista.
Respiro profundo y trato de no hacer caso al temblor que no puedo controlar. No puedo mostrarme nerviosa si de verdad quiero este empleo, pero eso parece ignorarlo el tipo que me obliga a estar aquí.
El café en mi mano se siente tibio, casi frío, pero no puedo tomarlo. Si lo hago, probablemente termine vomitándolo poco después, entre la ansiedad que me consume y los retortijones de mi estómago. Por esa misma razón, ni siquiera consideré el desayuno.
«Aunque tampoco tengo apetito. No lo he tenido desde que él se la llevó».
Avanzo hasta al ascensor, sin mirar siquiera por dónde voy. Solo estoy pendiente de la hora, y de ese mensaje que sigue presente en la pantalla de mi móvil, recordándome que no puedo fallar.
Estoy aquí para conseguir el empleo. Tengo que ser la secretaria de Aston Myers, el CEO de esta inmobiliaria, un hombre de aspecto enigmático, mirada despiadada y humor inexistente.
El hijo pródigo del maldito que me tiene amenazada.
«Sin presiones», susurro irónicamente.
Levanto la mirada y veo las puertas del ascensor abiertas. Un vistazo a mi reloj me avisa que ya debo subir o llegaré tarde.
Corro. No puedo quedarme aquí y esperar a que vuelva a bajar esta caja metálica. Casi entro en pánico al ver que las puertas se están cerrando.
—¡No cierren! —grito, con desesperación.
Por un milagro de Dios, veo que una mano cumple mi desesperada orden y suspiro, todavía intentando llegar. En cuanto pongo un pie dentro, ni siquiera puedo celebrar la pequeña victoria. Choco con un cuerpo duro como piedra, y tanto el café, como mi móvil, caen a mis pies.
«Maldición»
Oculto mis lágrimas, que ahora no son bienvenidas, murmurando en voz baja una y otra vez lo desafortunado de este suceso. Reviso con algo de pánico mi ropa, la ropa de los demás presentes que alcanzo a ver sin mayor detalle.
Alguien se agacha para ayudarme con mi móvil y se me escapa una mueca de resignación cuando veo una humedad reciente en su chaqueta.
«Este día no puede empeorar, carajo».
—Dios mío, le pido disculpas, yo no sé qué pasó y… —Levanto la mirada, y unos ojos tan negros como la noche están fijos en mí, con una seriedad que me pone los pelos de punta.
«No puede ser. No puede ser».
Mi suerte no puede ser esta.
¿Cómo es posible que me encuentre con mi objetivo en este ascensor, le tire el café encima y, para colmo, él sea quien se agache para entregarme el teléfono?
El pánico me invade. Miro el teléfono que me entrega. Tiene la pantalla hacia abajo, pero eso no es garantía de nada.
Acepto mi móvil, con una mano temblorosa.
«¿Será que vio el mensaje?».
—Lo siento, yo puedo pagarle la tintorería si considera que… —me callo cuando lo veo levantar una ceja.
Una estúpida y atractiva ceja que lo pone todo peor, porque me demuestra que mis esperanzas de que fuera un hombre agradable, se esfuman.
Me mira de arriba abajo, como buscando en mi ropa la confirmación de que puedo pagar el puto lavado de su traje hecho a medida.
«Idiota».
Me arrepiento mil veces de haberle dicho semejante cosa. Es evidente que es un clasista insoportable.
—No hace falta, señorita…
—Moreau —digo, casi en contra de mi voluntad, pero me obligo a hacerlo.
No solo porque en cuestión de minutos estaré de nuevo ante él, y no puedo verme como realmente me siento, sino porque tengo que conseguir este empleo cueste lo que cueste.
—No hará falta, señorita Moreau —repite, ahora con un brillo que no logro identificar en su mirada—. Si le parece bien, puede apartarse de la puerta, para que podamos subir. La mayoría de nosotros tenemos un horario que cumplir.
Doy un respingo, miro por encima de mi hombro y veo que, en efecto, estoy obstruyendo el paso. Por primera vez me vuelvo consciente de la cantidad de gente que me mira exasperada, por mi torpeza.
«Los nervios, Juliette. Son solo los nervios».
Siento el rubor en mis mejillas, por la vergüenza, mientras me quito del medio y las puertas por fin se cierran. Miro al suelo, a mis zapatos que se colocan encima del café frío, y un escalofrío me recorre.
«¿Cómo se supone que gane el empleo si este fue nuestro primer encuentro?».
Lo más seguro es que le parezca una torpe impresentable.
Dejo salir un suspiro y espero, mirando al panel que marca las plantas, a que el ascensor llegue a su destino. Puedo sentir la mirada de Aston Myers sobre mí, incluso estando de espaldas.
No es paranoia, algo me dice que es así.
Me mantengo recta, lo más firme que puedo parecer, porque me niego a mostrar que esto es lo único que tengo para ofrecer. Ese mensaje, que no sé si alcanzó a ver, me sigue advirtiendo de que no puedo fallar.
Y más me vale estar preparada para el siguiente paso, porque si ese hombre me vuelve a mirar como bicho que ni siquiera llega al nivel de la suela de sus zapatos, estoy perdida.
«Tengo que ganarme ese empleo, tengo que demostrar lo mucho que puedo ofrecerle».
Pero ¿cómo?
***
Aston Myers
Ojos grises que son capaces de congelar a cualquier incauto. Un rostro increíblemente hermoso y a la altura. Un cuerpo espectacular, y un porte de los que me gustan…
Todo eso lo tiene ella.
Pero no es lo que me hace mirarla, intentando descifrar todos sus malditos secretos.
«Ella no está aquí para hacer el bien».
En cuanto las puertas se abren, que los pocos que van en el ascensor comienzan a salir, ella toma rumbo a la oficina de Recursos Humanos.
Lo sabía.
Las puertas vuelven a cerrarse y marco el número de mi planta en el panel. Ahora que estoy solo, puedo verificar la información que necesito. Busco en mi teléfono el contacto de mi jefa de Recursos Humanos, y le envío un mensaje que, espero, vea lo más pronto posible.
»¿Hay alguna candidata con el apellido Moreau en la lista de hoy?
Cuando las puertas vuelven a abrirse, avanzo por el pasillo hasta mi oficina, al fondo de todo. Doy un vistazo al escritorio que debe ocupar hoy mismo la nueva incorporación.
Una notificación suena justo después de abrir la puerta.
»Sí, señor. La señorita Moreau es una de las más calificadas, según su currículum.
Aprieto la mandíbula. Eso es algo que esperaba.
No sé si estoy siendo un perturbado o me estoy volviendo loco, pero algo me dice que ella está aquí por un motivo relacionado con mi padre.
Y de ser así, quiero saber qué carajos busca.
Eso quizás sea de ayuda en la investigación que tiene el FBI en su contra.
Tecleo rápido, antes de arrepentirme de la decisión más improvisada y peligrosa que he tomado en la vida.
»Entrevista a todas, pero la quiero a ella.
No hay nada más que decir.
Juliette Moreau será mi asistente, le haré la vida un infierno, y mientras tanto, tendré un ojo puesto en ella. Si está aquí por orden de mi padre, pagaré junto con él sus intentos de hacer daño.
Aston MyersLa ciudad a mis pies no logra calmarme. La presión que siento en el pecho es incapaz de dejarme respirar con normalidad. Con las manos en los bolsillos de mi pantalón, finjo calma, como siempre, porque no soy de los que permite que las emociones lo controlen.Pero no puedo mentirme a mí mismo.Desde la llamada que tuve con mi padre, sobre el tema de Viena, decidí vigilar cada uno de sus pasos. Quizás no pueda tener información personal sobre lo que hace a puerta cerrada, pero al menos quiero saber cuándo viaja y a dónde, si está cerca de Viena o de mí. Esto es algo que debía hacer desde hace tiempo, pero de alguna manera actué como un ingenuo. Ya no más.Él no me respeta, ni a mí ni a Viena. Tengo los suficientes recursos para devolverle la insolencia, y es lo que empecé a hacer.Estos últimos dos días apenas he estado en la oficina. Me he mantenido alejado de Juliette, pero porque necesito mantener mi sentido común alerta y desconfiado, no cayendo a sus pies como un idiota
Juliette MoreauMe tenso de pies a cabeza al sentir su cercanía. No me gusta estar sentada cuando él permanece de pie, mirándome como si fuera un león al acecho. Sonríe con ligereza y se me hiela la sangre. No sé si es la inclinación de la cabeza o que me observa como un psicópata, pero no puedo evitar que todo mi cuerpo reaccione con temor. Albert da otra calada al puro. El gesto es lento y calculado, y deja una acumulación de espeso humo entre los dos. —Aunque debo decir que tus... —Hace una pausa, sus ojos oscuros brillan con intención— actividades extralaborales han llamado mi atención.Mi estómago se contrae con la insinuación, y lo que puede significar. No necesito que lo diga de forma más clara, ni que lo explique, sé que habla de que me estoy acostando con Aston. Aprieto los dedos contra mis piernas, me clavo las uñas a través de la tela de mi falda para mantener el control.Albert da un paso más, lo suficiente para invadir mi espacio sin tocarme, mientras continúa sonrien
Juliette MoreauEl murmullo de voces no me deja concentrarme. Ni siquiera sé por qué sigo trabajando aquí. Pero cada día, cuando Theodore me pide que los acompañe, lo complazco.Naomi no se calla la boca y empieza a exasperarme. Por petición de Aston, a quién no veo desde que me folló con la flor en la boca hace dos días, Theo me ayudará con el contacto a la constructora. Solo por eso he estado trabajando desde la oficina del equipo de proyectos, por más que mi paciencia comienza a agotarse.Hoy, más que nunca, he estado mirando constantemente el reloj. Estoy ansiosa por terminar mi jornada laboral y largarme de una vez. Mi teléfono suena de repente y cuando miro la pantalla, medio aturdida por todos los pensamientos que me abruman, el número desconocido hace que el corazón se me suba a la garganta.Mi mano tiembla cuando lo alcanzo, sé que es Albert y no sé lo que me espere con esta llamada.«Se había demorado mucho».Miro a todos los que están en la oficina y no me pasa por alto qu
Aston MyersSus ojos grises se abren con sorpresa al escucharme aceptar una verdad que no quería.—¿Lo confiesas? —dice con dificultad. Me río. Y niego.—Nunca. Y tú vas a ignorar por completo lo que sea que piensas, o te negaré el orgasmo que tanto quieres. Me fulmina con la mirada al escuchar eso último, pero no suelta la flor, ni réplica mi orden. Vuelvo a sonreír.«Mi mujer ansiosa y obediente».—Buena chica.Paso mis dos manos por su espalda, las cuelo por debajo de su cuerpo y masajeo sus tetas hasta dónde alcanzo. Cuando arquea su espalda de nuevo, me doy cuenta que le gusta que la toque y lo hago con más intención. Pellizco sus pezones duros por encima de la tela delicada de su blusa y de su sujetador de encaje. Incorporándome de nuevo, me quito la corbata por la cabeza y aprovecho el nudo para cerrarlo alrededor de sus muñecas. Juliette ni siquiera se queja, y en cuanto la veo con sus manos atadas, algo vuelve a revolotear en mi pecho.«Esto es lo que me gusta. Esto es l
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