El teléfono de James vibró sobre el escritorio de cristal, justo cuando terminaba de revisar unos documentos personales. La pantalla mostraba un nombre que conocía demasiado bien: Noah.
—¿Irás a la cena en el jardín esta noche? —preguntó Noah apenas James contestó.
—Sí. Lo tenía en la agenda —respondió James, con tono tranquilo.
—Estoy en la oficina. ¿Tienes tiempo de pasar por mí? Quiero mostrarte algo antes… y sería bueno llegar juntos.
James se quedó en silencio un segundo.
—Tenía