Zeynep estaba sentada en el sofá, meciendo suavemente al bebé mientras le daba el biberón.
La casa estaba en silencio; apenas se escuchaba el suave murmullo del televisor encendido en volumen bajo. Afuera comenzaba a oscurecer, y la lluvia golpeaba con suavidad los cristales del ventanal.
De pronto, escuchó el sonido de la puerta abriéndose.
El corazón le dio un pequeño vuelco, pero no dijo nada.
Kerim entró, dejando las llaves en el recibidor. Llevaba el abrigo ligeramente húmedo, y en su rost